Cuento de Karin Hammill basado en una historia real y con el que quiere concienciar sobre el abandono de animales exóticos. PARTE I
Érase una vez una cerdita que venía de muy, muy lejos – de un país al otro lado del mundo. De un país en Asia – a unos 10.700 Km de España – tan lejos como si fuerais 35 veces de Madrid a Valencia de un tirón. Éste país se llama Vietnam – y por sus orígenes la cerdita es de la familia de Cerdos llamados Vietnamitas. Ahora se pueden comprar en España.
Y una familia humana compró a la cerdita cuando era muy pequeñita ya que quería tener una mascota – y ¿sabéis que tener un Cerdo Vietnamita está de moda? Sí, sí – es así. Mucha gente ahora quiere tener un cerdito vietnamita – y compran a los lechoncitos. Pero no debemos comprar animales. ¿Por qué pensáis que esto no se debe hacer?…Ya saben: comprar algo permite que la gente piense que les pertenece y así pueden hacer lo que quieran con ello. Entonces cuando ya no lo necesiten o ya no lo quieran o les estorbe, lo pueden tirar. En el caso de animales, esto se traduce en abandono. ¡Imaginad lo triste que se ponen los animales cuando de repente, y sin comprender nada, son abandonados lejos de sus hogares! ¿Sabíais que vuestros perros realmente os escuchan y os entienden? Un estudio realizado en 2004 probó que un perro es capaz de distinguir hasta 2 mil palabras y comprender hasta 1065 frases sin ningún problema. ¡Y un cerdito comprende y piensa como si fuera un niño de cinco años!
Volviendo a la Cerdita, era muy feliz en su casa con su familia humana y pasaba los días con ellos, y comiendo, creció y creció y un buen día dejó de ser pequeña y ya no podía estar en casa. Por eso la abandonaron en medio de la nada… ¡Oh no!
Perdida y triste (muy triste), caminó y caminó, cruzando la carretera para llegar a un sitio dónde se sintió a salvo. Por suerte, logró evitar los coches. Y así llegó a una finca en Galapagar perteneciente al Parque Regional del Cauce Medio de Guadarrama, al lado de las Urbanizaciones Oasis y Nido de Águila. Unos cuantos tuvimos mucha suerte en conocerla. Nos topábamos con ella todos los días, y movía el rabito contenta de socializar, de no estar sola. La cerdita, al haber vivido con humanos, se acercaba a muchos que paseábamos por ahí e incluso nos pedía comida. ¡Era muy pilla!
Sabíamos que no era buena idea que anduviera por ahí. Podría haber problemas con algunos perros, ya que son cazadores. Y también, como los cerditos escarban toda la tierra en busca de comida, podría haber problemas con los vecinos: alguien se podría torcer un tobillo o algo peor. Así que, manos a la obra: a llamar a Asociaciones que protegen a los animales; después de docenas de llamadas, nos encontramos con que ¡ninguna podía acoger a la cerdita porque estaban hasta arriba con animalitos abandonados! ¡Qué tristeza! ¿Sabíais que en España se llegan a abandonar a casi 100.000 animales cada año? ¡Qué vergüenza!
Casi sin esperanza, logramos contactar con una que sí tenía sitio y se podía llevar a la cerdita a una gran finca. ¡Qué contentos nos pusimos! Así, entre los vecinos y muchos voluntarios – un momento: ¿sabéis qué son voluntarios? Voluntarios son personas que hacen cosas para ayudar a los demás o a los animales sin ganar dinero por su esfuerzo. ¿A qué molan los voluntarios? Esto ahora sí nos cuadra: hay mucha gente buena en España – pero ¿por qué no lo son con los animales? Después de todo, nosotros formamos parte del Reino Animal…- Bueno, seguimos… Entre todos intentamos coger a la cerdita, pero nadie tenía experiencia con cerditos; todos sí que tenían mucha experiencia para ayudar a los miles de perros y gatos abandonados. Pero para ¿una cerdita? ¿Os podéis creer que tiene una agilidad impresionante aunque pese al menos 60 kilos? Pues eso, los voluntarios lanzándose al suelo intentando cogerla y ella saltando antes de que nadie pudiese cerrar las manos… Y así otras dos veces, pero las siguientes con redes… Pasado un mes, vimos que su tripita crecía un poco más de lo normal: ¡la cerdita estaba esperando crías! La mami-cerdita ahora comienza a preparar camitas para poder tumbarse y cuidar y dar de mamar a sus peques. Dos camitas fueron localizadas en Oasis: la camita de arriba y la de abajo…
Y luego desapareció por dos meses o así. Y cuando la volvimos a ver, ¡sorpresa! Tenía a cuatro pequeños lechones pegaditos a su culito, siguiéndola en fila india. Pues bien, imaginad el peligro que los 4 cachorritos corrían con tantos perros listos para salir corriendo tras ellos…Más que nunca era imperativo cogerlos, ya que a los 3 meses los cachorros ya están activos sexualmente y pueden tener cachorros cada 3 meses. Si consideramos que ya había 3 hembras, y con una media de 4 cachorros por cada una (que pueden tener hasta 15), con 2 hembras cada vez como muy conservador, ¡en un año podría haber hasta 48 cerditos pululando por el Parque!
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